Habían pasado muchos años. Se acordó de un carnaval, el último festejo, la despedida. Amat, la vieja Amat, se iba con el último carnaval del milenio.
Amat se fue con una fiesta, no podía ser de otra manera, Fiesta, las sabanas, las fiestas y los festejos que organizaba su padre, un industrial creativo, que con toda su generación habían transformado un pedazo de campo en una ciudad.
Se acordó de la última murga, bailando con un bastón y su galera. La galera, la única herencia que le había dejado su viejo. Una galera mágica donde siempre podía encontrar un nuevo sueño.
El final era irremediable, lo supo antes que todos. Estaban agotados. Repartió lo recaudado en los carnavales, un poco de tela que todavía quedaba. Abrió la barrera e invito a que la pudieran despedir todos. Entro Montegrande, la gente, los viejos obreros, los jubilados, los vecinos. Recorrieron por última vez la fábrica. En silencio. Les dice que se lleven todo, que nadie podía ser más dueño que ellos. Se llevaron poca cosa, algunos recuerdos, un banquito, una herramienta, un almanaque. Al mediodía entro solo en Presidencia, cargo el retrato de sus abuelos, las fotos, un par de libros.
A los días vino el remate, otra gente, extraños, compraron maquinas, que funcionaban, por kilo de chatarra. Hasta los techos se llevaron, se fue todo. El conocimiento acumulado por generaciones se desperdigaba para siempre.
Pasaron Muchos años de todo eso, quedo un recuerdo amargo, Coto, sus baldios, y una cicatriz profunda.
Tambien Protto, los schablones tajeados para separar stands de un Paseo de Compras, una bailanta, sus mas amigos perdidos en la locura. Lo que siguió fue muy duro. La primer perdida fue Montegrande, la segunda sus amigos, la tercera, Protto, en Llavalloll, su casa.
Encontró una bitácora, la que escribió antes de irse. En el mismo lugar que hoy después de mucho tiempo volvió a escribir.
Llavalloll, Septiembre 1999.
Primer aspecto de la trama.
Protto, en la esquina de Amaya, arrinconado entre las ultimas paredes. Un paisaje caótico, de perdida infinita, con el universo en la mano, hecho añicos.
Asi mire, y en el abismo (apoyado en la tabla de una maquina de coser), una pagina y un Jesús que le decia a un joven rico: “Es verdad que fuiste bueno, compartiste tu riqueza, y siempre quisiste ser justo. Ahora vuelve, vende todo lo que tienes, regálalos, y sigueme.
El joven rico volvio y no pudo. Murio en su pueblo, viejo, ahogado de incertidumbre.
Recordo aquel momento. Cuando fue que supo que todo habia terminado, cuando?.
Antes del invierno, vino otoño. El otoño y sus presagios. De toda esa inmensidumbre, apenas podia, a veces, justificar ciertos actos. Peculiaridades precisas.
VIAJE
Arrastro los últimos cuadros, sus ancestros desde lo oscuro de sus retratos lo observaban atentos. Abrazo sus urnas, envolvió sus piedras. En una caja metió unas medallas, la rastra de plata con sus iniciales, el pasaporte de su abuelo. Guardo sus libros. Tenia que llevarse lo justo, en un camarote no entra mas de lo necesario.
Les dejaba un tronco seco y se llevaba la raíz.
arte y comunicacion
martes, 30 de diciembre de 2008
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